¿Por qué implementar el agilismo en mi organización?

1 de marzo de 2021

El agilismo es más que velocidad; es visión compartida, cercanía con el cliente y autonomía de los equipos de trabajo.

Todos los días nos hacen variantes de esta pregunta. El agilismo o los marcos de trabajo ágiles están en boga y no es para menos, las empresas más disruptivas del mercado se gestionan con marcos de trabajo ágiles, con prácticas que podrían ser tachadas de radicales hasta en las empresas más audaces. Las compañías de referencia van desde las todopoderosas Alphabet y Amazon, hasta las encantadoras, pero no menos temibles Spotify y Netflix.

El rotundo éxito de las empresas de mayor prestigio del mundo lo podemos interpretar de dos formas: Por un lado, los fervientes seguidores del benchmark creen que el éxito de estos gigantes se debe a sus mejores prácticas. Por otro lado, los más incrédulos se niegan a arriesgarse, ya que piensan que sólo empresas de gran calibre y con millonarios presupuestos pueden correr semejante riesgo. En el medio quedan muchos que siguen dudosos y nos preguntan si realmente vale la pena. Si estás buscando respuestas a esta pregunta o quieres saber cuáles son los pros y contras de implementar un marco de trabajo ágil en tu empresa, escribí este artículo pensando en ti.

Las ventajas del agilismo

La promesa del agilismo es sencilla y directa: podemos hacer las cosas mejor, con menor riesgo y producir resultados en menos tiempo. Las empresas ágiles se caracterizan por lograr una mayor adaptabilidad, estar más cerca de sus clientes y su capacidad para innovar. Es común que se confunda la agilidad con velocidad, pero los diferenciadores reales del agilismo son la cercanía con el cliente y la autonomía de los equipos de trabajo. Estos dos aspectos se reflejan en los resultados y en la química de la organización. 

Un estudio reciente de McKinsey revela que las organizaciones ágiles tienen las siguientes características en común:

  • Visión compartida e internalizada, con objetivos y estrategias definidas.
  • Redes de equipos empoderados.
  • Ciclos de tomas de decisiones rápidas.
  • Modelo dinámico de gestión de gente que enciende y aviva la pasión.
  • Habilitadores tecnológicos de vanguardia.

En otras palabras, una combinación de mejores prácticas comúnmente aceptadas tales como la creación de una visión compartida, junto con otras más disruptivas como los ciclos de tomas de decisiones rápidas y las redes de equipos empoderados. Estas dos últimas suelen ser de las más dolorosas para las organizaciones tradicionales y jerárquicas porque ponen en jaque la burocracia y los prestigiosos y anhelados puestos de dirección.

Suena bien pero…

Existen incontables casos de implementación que han fracasado debido al poder de la inercia y la incomodidad que genera el agilismo en los niveles jerárquicos más altos. Por esta razón es indispensable considerar la importancia de la cultura al momento de implementar marcos de trabajo ágiles dentro de la organización.

En términos generales, el agilismo promueve prácticas que son convenientes para cualquier sector industrial, en cualquier país y con personal de cualquier edad. 

La cultura local y el entorno político y social son un punto a considerar pero no pueden ser considerados como un freno a priori, mucho menos sabiendo que las empresas destacadas por el agilismo fueron fundadas y tienen sus sedes en países monárquicos como Suecia (Spotify), democráticos como Estados Unidos (Alphabet, Amazon), totalitarios como China (Alibaba, Xiaomi) y con sistemas políticos difíciles de clasificar como la India (Wipro, Tata).

Las empresas exitosas que han sacado provecho del agilismo han tomado y adaptado los marcos de trabajo a su propia cultura, creando un estilo de trabajo propio. Algunas empresas deciden adoptar marcos de trabajo, lo cual implica un esfuerzo de capacitación considerable, la formalización de las reglas del juego de forma explícita y visible, así como la modificación radical de la estructura para eliminar niveles jerárquicos y crear nuevos roles y formas de organización. Es común encontrar en estas organizaciones que ya no hay vicepresidencias o departamentos, sino tribus, escuadrones y capítulos. Además de eso, los roles también cambian y se asumen nuevas responsabilidades como Dueño de Producto, Desarrollador y Coach Ágil, entre otros.

¿En resumen?

Como casi todo en la vida, el agilismo promete excelentes resultados, pero su implementación es compleja. No hay una receta predeterminada, ni una forma fácil de lograrlo.

Para promover una cultura donde el agilismo pueda prosperar conviene establecer unos principios de actuación que ayuden a desarrollar el conjunto de creencias y actitudes más idóneas. Un excelente ejemplo de ello se encuentra en la página de empleos de Netflix, donde publican sus principios y los comportamientos asociados para atraer talento afín a su estilo organizacional.

Yker Valerio

@ykervalerio

Consultor asociado

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