Liderazgo y disciplina en entornos ágiles

26 de abril de 2021

¿Cómo lograr la coherencia y compromiso de los líderes de la organización?

El rol que desempeñan los líderes en nuestras sociedades y organizaciones es fundamental. Más allá de dirigir, el líder debe ser capaz de navegar exitosamente por el complejo, dinámico y cambiante mar en el cual nos desenvolvemos.

Debe ser capaz de inspirar y generar confianza en su equipo, de guiarlos con agilidad a alcanzar las metas propuestas, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿cómo lograr la coherencia y el compromiso de los líderes de la organización?, ¿cuál es el significado del valor disciplina en líderes y equipos ágiles? 

Puede existir la percepción errónea de que los equipos ágiles en orden de lograr sus metas en tiempo y evitar burocracias, pueden llegar a ser indisciplinados. Sin embargo, es todo lo contrario: la disciplina es una virtud fundamental de los líderes y equipos ágiles, ya que las prácticas ágiles tienen como pilar hábitos que deben desarrollarse de manera disciplinada. 

El agilismo requiere de auto organización y auto motivación. Cada miembro del equipo asume desde el inicio del Proyecto un compromiso con los objetivos trazados, objetivos que solo puede cumplir teniendo como base un comportamiento disciplinado. 

Es por esto que, en esta oportunidad invitamos a Carlos Enrique Ortiz, Mentor y Asesor asociado de HENKA; a compartir sus reflexiones sobre la gerencia, liderazgo y disciplina desde su experiencia de más de 15 años en el sector gerencial y sus vivencias como oficial naval. 

Esperamos este artículo preparado por Carlos Enrique y las reflexiones contenidas en él sean de mucho provecho:

Hoy más que nunca, las empresas necesitan líderes empoderados y convencidos de su rol en las organizaciones, en la medida que los ambientes VICA (volátiles, de gran incertidumbre, muy complejos y con alta ambigüedad) han traído la disrupción tecnológica, la innovación exponencial, la 4ta. revolución industrial y sus herramientas de punta y emergentes.

No se logra un impacto positivo en la empresa si solo tenemos al líder preparado, capacitado y hábil dentro de sus competencias duras, pero desde las competencias blandas no existe principalmente el autoliderazgo y la disciplina que facilite el trabajo personal y grupal en la organización. La disciplina es un factor primordial del que adolecen algunos de nuestros directores y gerentes, en la medida que el compromiso y responsabilidad por las metas y retos se diluye cuando no existe asiduidad, persistencia y compromiso para llevar a cabo lo planeado y esperado.

La disciplina: una virtud necesaria para la vida

En propiedad hago estos comentarios, por mi experiencia como asesor, consultor  y mentor de pequeñas, medianas y grandes organizaciones del sector público y privado de mi país durante los últimos 15 años, que me han permitido de primera mano observar cómo – luego de diagnósticos y análisis juiciosos en procura de soluciones expeditas – las responsabilidades y acuerdos establecidos con la dirección o gerencia general se pierden o extravían en el devenir de las empresas y su cotidianidad, teniendo solo en cuenta las prioridades – que desde lo económico y presupuestal – cobran mayor relevancia.

Pero también comento lo propio por haber estado en uniforme por más de 20 años en la Armada Nacional de Colombia, teniendo a la vista la disciplina como parte integral de la formación personal y profesional muchos años embarcado y navegando a bordo de unidades de superficie y submarinas como oficial naval. Allí comprendí que la disciplina es una de las grandes virtudes que tiene la vida.

Nada logramos formando equipos y líderes que SABEN y HACEN, si al final no contamos efectivamente con ellos, por lo que SON desde sus habilidades propias del SER (como la lealtad, autenticidad, constancia, entrega, coherencia, mística, voluntad y disciplina, entre otras). Por mi experiencia, el liderazgo personal implica adaptabilidad, auto conocimiento y aprendizaje, motivación y propósito dentro de otras importantes habilidades, que involucran directamente la disciplina como el eje transversal de todo lo antes mencionado. 

Pasa mucho que, en los procesos de coaching, mentoring, asesorías o consultorías adelantadas en empresas y que involucran directamente al ente directivo, en reiteradas ocasiones se presenta bajo impacto en los logros y resultados que persigue la organización, por la indisciplina de algunos gerentes o tomadores de decisiones involucrados.  

Los líderes deben tener siempre presente en su actuar la coherencia entre lo que son, saben y hacen. 

Algunos hábitos que pueden tener en consideración los gerentes o directores para el fortalecimiento de la disciplina – desde la óptica y visión del servicio naval-militar vocacional a bordo de un buque –  pueden ser:

  1. Gestionar y controlar el tiempo: La visión de las cosas por hacer y el listado de las prioridades a bordo, son directamente proporcionales al cumplimiento de las metas y la misión. Con la debida consignación de las actividades pendientes y por ejecutar en medios analógicos o digitales, se facilitan procesos de comunicación, gestión documental, identificación de tiempos muertos, reuniones improductivas y hasta la burocracia en las empresas.
  1. Buscar salir de las zonas de confort: Navegar a bordo de un buque es estar en contacto con la incomodidad permanente. En la medida que hacemos más con menos en los espacios de trabajo restringidos y a cargo, logramos disciplinar nuestros gustos, aficiones e intereses, apuntando a lo que es importante y prioritario en la navegación y la gestión administrativa. Si salimos de nuestra zona de comodidad reiterativamente, lograremos centrar más y mejor el que hacer a nivel empresarial y organizacional.
  1. Practicar el Mindfulness: Este concepto tiene que ver actualmente con el logro de un estado de conciencia profundo, libre de juicios sobre nuestras propias sensaciones, sentimientos o pensamientos que nos permiten interiorizar lo que pensamos y queremos hacer. A bordo hay tiempo para esto durante el descanso de las guardias y responsabilidades administrativas, momentos en que se facilita para pensar y repensar desde momentos de soledad y compañía frente a la inmensidad del mar. Los gerentes deben encontrar esos momentos durante el día, semana o mes para reencontrarse con sus prioridades y responsabilidades. 
  1. Mantener horarios de alimentación regular: En un buque normalmente las personas están divididas en tres turnos de guardia, mismos que se usan para el consumo de los alimentos navegando y en puerto. Esta dinámica permite que se disciplinen los intereses por tomar los alimentos en los horarios asignados y se acostumbren las personas a gestionar sus tiempos disponibles cuando no se está en los comedores a bordo. Si se disciplinan estos horarios, podremos ir acostumbrando el cuerpo y el espíritu a lo que queramos y podamos hacer.
  1. Terminar lo que comience: Si se tiene la costumbre de llevar el control pormenorizado de lo que se hace, a través de canales formales e informales de feedback y comunicación constante, fácilmente se puede llegar a terminar lo que comenzamos. Las rutinas van moderando las costumbres.
  1. Delegar debida y correctamente: Cuando se delega se debe estar al pendiente en caso que nuestros equipos requieran algún tipo de soporte o ayuda. Si el gerente se acostumbra a delegar correctamente, se garantiza el cumplimiento de los objetivos. No sobra recordar que la delegación nunca exime la responsabilidad, pero si garantiza la disciplina.
  1. Gestionar positivamente la organización: En los submarinos no hay cabida para el error y eso se logra cuando todos a bordo están comprometidos con sus roles y funciones, conociendo perfectamente su unidad. Cuando el gerente o director tiene como costumbre mantener en su cabeza la dinámica de su empresa todo el tiempo, se adquiere paulatinamente la disciplina empresarial desde esa cotidianidad.

Son otros varios los ejemplos que pudiera compartir en este documento como ejemplo desde la vida naval-militar. El mensaje y la conclusión principal de este ejercicio comparativo, es que todo lo relacionado al liderazgo y la disciplina se resume a una cuestión de actitud más que de aptitud. 

La práctica hace al maestro y así como el líder puede hacerse además de nacer, el ente directivo puede lograr cambiar el paradigma de la indisciplina desde sus hábitos y costumbres más comunes. La disciplina forja los mejores hábitos, fortalece el carácter de las personas, consigue objetivos y cristaliza los mejores sueños; por lo tanto, es algo que debe acompañar permanentemente el liderazgo y tomarse siempre muy seriamente.

Carlos Enrique Ortiz

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Consultor asociado HENKA

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