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Liderazgo de Excelencia

17 de junio de 2012

Un negocio carente de capital puede pedir dinero prestado, uno mal ubicado puede cambiarse, pero uno falto de liderazgo tiene pocas posibilidades de sobrevivir.

Desafortunadamente hemos oído hablar tanto del tema de liderazgo que el término se ha confundido y desgastado en gran medida. Lo más significa­tivo del término es señalar qué distingue al líder eficaz del líder ineficaz, a organizaciones de éxito de las fracasadas, a empresas de excelencia de empresas mediocres.

Liderazgo de excelencia es la fuerza fundamental que se ocul­ta detrás de toda organización exitosa. Este estudio trata del nuevo líder, aquel que compro­mete a su gente con la acción, que convierte a seguidores en líderes y que puede convertir a líderes en agentes de cambio.

La más común de las confusio­nes es considerar al liderazgo como sinónimo de adminis­tración. Administrar significa cumplir, asumir o tomar respon­sabilidad. Dirigir significa influenciar, guiar en una cierta dirección, hacer a través de los demás.

Los administradores eficientes son personas que hacen las cosas bien, y los líderes hacen lo que está bien. El administrador es eficiente, el líder es eficaz.

Los líderes desean saber por qué antes del cómo, dirigen los cam­bios, crean confianza y dotan a sus seguidores para que busquen nuevas maneras de hacer las cosas.

El administrador opera los recur­sos físicos de la organización, su capital financiero, materias primas y tecnología; en cambio, el líder opera con los recursos emocio­nales, con valores, compromiso y aspiraciones.

Un administrador puede lograr que los miembros de la orga­nización se ganen la vida, puede lograr trabajo eficaz, puntual, pro­ductivo y con alto nivel de calidad.

El líder de excelencia hace sentir en su gente el orgullo y la satis­facción de su trabajo, inspira sus seguidores a altos niveles de realización.

El líder logra el desarrollo perma­nente de la potencialidad huma­na, la cual es infinita.

En conclusión, nuestras empresas están sobre administradas y sub­dirigidas. La gente no quiere ser administrada, quiere ser dirigida.

Artículo original de C.P. Miguel Ángel Cornejo y adaptado por Ana Carolina Camiña

Anabella Laya

@henkaconsulting

Gerente de Mercadeo, Consultora en Gestión de Cambio, Comunicadora Social

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