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¿Hay rezagados en su organización?

8 de octubre de 2013

¿Qué virtudes aprendió usted a qué edad y cuáles ha inculcado a sus hijos en su paso por la niñez y la adolescencia? ¿Sucede el mismo aprendizaje paulatino en las organizaciones?

¿Qué virtudes aprendió usted a qué edad y cuáles ha inculcado a sus hijos en su paso por la niñez y la adolescencia? ¿Sucede el mismo aprendizaje paulatino en las organizaciones? David Isaacs, experto en educación, propone un modelo de cuatro fases según edades, para la enseñanza de las virtudes, el cual nos ayuda a entender el estancamiento, retroceso y conflictos en las relaciones que afectan a algunas empresas, familias y equipos.

La primera etapa es la anterior a los siete (7) años  y en ella el niño debe aprender tres virtudes: obediencia, sinceridad y orden. En las organizaciones, es difícil lograr acatamiento de solicitudes que provienen de personas que no inspiran deseo de obedecerles. Igualmente, es complicado hablar con la verdad en un clima con temor a represalias y más aun alcanzar metas en un ambiente desordenado donde abundan las improvisaciones. Estas virtudes serán la base para una inicial y armoniosa convivencia.

Entre los ocho (8) y los doce (12) años, los niños, dice Isaacs, deben aprender: fortaleza, perseverancia, laboriosidad, paciencia, responsabilidad, justicia y generosidad. Es la fase para despertar el buen criterio, el discernimiento y ser resilientes ante los obstáculos. El apego a principios hace que las decisiones en la empresa sean consistentes y constantes en el esfuerzo hacia las metas. En esta edad nos impregnamos de la actitud hacia los retos.

En la adolescencia, de los trece (13) a los quince (15) años, el aprendizaje ronda sobre pudor, sobriedad, sencillez, sociabilidad, amistad, respeto y patriotismo. Las tentaciones de lo placentero debaten con la responsabilidad. Si la empresa no es profunda en sus convicciones, se dejará llevar por pasiones materialistas por encima del bien común. El joven ya tiene criterio y quiere saber las razones de todo, los miembros de las organizaciones también; si las mismas no son convincentes se pierde la pertenencia, la armonía y el respeto a las tradiciones, a las normas y hasta a ciertas figuras de autoridad.

Finalmente, de los dieciséis (16) a los dieciocho (18) años es la etapa para inculcar prudencia, flexibilidad, comprensión, lealtad, audacia, humildad y optimismo. Llegó el momento de actuar con inteligencia ante decisiones que marcarán el futuro y de desarrollar aptitudes intelectuales que facilitarán el crecimiento. Se ha pasado de las exigencias u obediencia en la niñez, al convencimiento propio y al empoderamiento para ser proactivos,  equilibrados, positivos y socialmente responsables. ¡Llegamos al preámbulo de la madurez!

Seguramente, al leer esta tipología usted está evaluando su propio caso y el de sus hijos; pero también le encontrará sentido a las contradicciones que a lo mejor suceden en su equipo de trabajo, debido a que algunos de sus miembros no maduraron a tiempo y transitan con rezagos en el desarrollo de sus virtudes. Claro, éste no es su caso, ¿cierto?

Tomado del blog de  German Retana

Anabella Laya

@henkaconsulting

Gerente de Mercadeo, Consultora en Gestión de Cambio, Comunicadora Social

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