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¿Cómo triunfar en el mundial?

1 de julio de 2014

Las empresas ganadoras y los equipos deportivos exitosos tienen cimientos en común.

Las  empresas ganadoras y los equipos deportivos exitosos tienen cimientos en común. Evalúe cuáles de los que se enuncian a continuación posee su organización y, si es así, qué se requiere hacer para elevar aún más su desempeño.

Preparación meticulosa.

La clave de una buena ejecución es una extraordinaria planeación. Cuando las personas líderes son apasionadas, casi obsesivas con los detalles, el entrenamiento suele ser tan riguroso como los partidos. El margen de error se reduce con prácticas intensivas. La repetición crea hábitos, la corrección produce mejoramiento y la seguridad en la estrategia inspira incluso improvisar con cálculo y confianza. Aunque el proceso de aprendizaje sea tedioso para los impacientes, en los momentos claves empresas y equipos cosechan el esfuerzo.

Persistencia ante crisis.

Creer en lo propio permite que en situaciones donde los resultados son temporalmente adversos, lo planeado se ajuste, pero no se abandona. No hay razón para caer en frustraciones, agresividad desesperada, ni ocurrencias torpes. El equipo confía en su estrategia y se aferra a ella pese a la tentación de olvidarla. Esta ecuanimidad la alcanzan organizaciones maduras, que reaccionan con sabiduría para remontar marcadores en contra.

 Cohesión tipo familia.

Los equipos de alto desempeño juegan finales, pero solo las ganan los que compiten como familia. No es posible aspirar a ganar algo relevante si antes no reina la solidaridad, el compañerismo, el respeto mutuo, el compromiso y la ausencia de egoísmos que son “autogoles.” La hermandad es siempre el argumento de los campeones para explicar su inspiración y éxito; y la misma incluye la exigencia de darse al 100% por el bien del equipo.

Aceptación de roles.

En el fútbol, hay jugadores que cuando ingresan de cambio, casi al final del partido, resultan letales para los rivales. Ese es su papel y se preparan para hacerlo con efectividad. Si rechazaran ese rol y pretendieran jugar todo el partido, no serían tan útiles. De igual modo, en la empresa triunfadora cada cual tiene una ventaja comparativa valorada por sus colegas. Esta claridad del rol individual evita ambigüedades, falsas expectativas y celos internos.

Fronteras claras. 

Este respeto a los roles abarca jugadores, técnicos, dirigentes y administrativos, en el mundo deportivo. Si cada cual hace bien su parte, sin inmiscuirse en las de los demás, todo fluye naturalmente. En las empresas, la estructura jerárquica tiene su lógica y al respetarse prevalece el orden. Cuando alguien cruza fronteras que no debe, algo sale mal.

Espacios para la individualidad.

No debe confundirse trabajar en equipo con opacar cualidades personales sobresalientes. En el alto desempeño se abren oportunidades al talento fuera de serie, siempre que éste sirva a los intereses del conjunto. Tanto en la cancha como en la empresa, la improvisación es parte del juego y si los talentosos la ponen al servicio del equipo, todos ganan.

Finalmente, nada de lo anterior es factible sin un liderazgo desafiante e integral,que imponga una estricta disciplina de trabajo. Debe ser riguroso al definir el plan de acción mediante el estudio cuidadoso del rival y de las bondades de su equipo. Un liderazgo que incluya en su visión el despliegue y uso de las capacidades individuales, la consideración humana del jugador  y la máxima unión interna, pilares esenciales para “creérsela y entrar a la cancha alegres, a intentar ganar contra quien sea, tanto en el mundial de la competitividad deportiva o como en el empresarial.

Fuente: Blog de German Retana

Anabella Laya

@henkaconsulting

Gerente de Mercadeo, Consultora en Gestión de Cambio, Comunicadora Social

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