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¿Cómo reinventarte? Empieza a soltar

19 de enero de 2016

Empecemos a soltar causas sin solución. Hay conflictos añejos que aun ganándolos, se pierde mucho. Quienes residen en su pasado avivan revanchas pendientes, desgastan su energía procurando victorias sin valor alguno

Organizaciones y personas enfrentan insatisfacciones con el estado actual de sus circunstancias. La diferencia entre el potencial que se posee y lo alcanzado inquieta la conciencia, al percatarse de que el mundo fluye y cambia. Mientras, la persona permanece estática, en la rutina de la vida, como si hubiese renunciado a enfrentar desafíos.

¿Cómo reaccionar cuando se acepta que ha llegado la hora de reinventarse para ser y hacer más? ¡Soltando! 

Empecemos a soltar causas sin solución. Hay conflictos añejos que aun ganándolos, se pierde mucho. Quienes residen en su pasado avivan revanchas pendientes, desgastan su energía procurando victorias sin valor alguno. Cuando la lucha es contra personas sin escrúpulos, se drenan recursos y emociones que podrían enfocarse en la construcción de nuevas y productivas relaciones. Obsesionarse con desnudar el lado oscuro de estas, equivale a vivir más sus vidas que la propia. ¡Desengancharse!

Soltar la dependencia. Al tomar conciencia del valor propio, se abandona la necesidad de obtener la afirmación de los demás. Expresiones como: “Dime cómo me ves”, “¿verdad que estoy mejor?”, “¿crees que soy capaz?”, son manifestaciones de búsqueda de una pseudo autoestima. La ignorancia es tan atrevida que hay muchos dispuestos a opinar acerca de todo, consecuentemente, buscar el reconocimiento afuera en lugar de otorgárselo a sí mismo podría hablar del desconocimiento de esa valía personal y lesionarla. ¡Independencia!

Soltar la imaginación. Renunciar a la tradición y al sometimiento ante las circunstancias requiere hacer uso de una facultad que distingue al ser humano: la de poder elegir. Reinventarse no es solamente emprender una tarea diferente, sino que también es imprimir un sello de distinción a esa tarea. Convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos en lo que ya hacemos, para nuestra satisfacción y la de otros, es también un gran paso. Pregúntese, “¿cómo podría explotar más mis talentos?”, “¿cómo me sentiré al hacerlo?” ¡Crecimiento!

Soltar la desconfianza. Cambiar el modo de pensar y de actuar conduce a territorios desconocidos, aprender a volar conlleva un vértigo inevitable; los riesgos siempre acompañan a los audaces. Sin disposición para aceptar incomodidades, no habrá transformaciones. No entrar en la batalla es la lucha más grande que se pierde. Al usar con flexibilidad lo positivo de un equipo o persona, se cumple la sentencia de Charles Darwin: “Sobreviven los que se adaptan mejor al cambio.”

Soltar paradigmas. Como afirman muchos pensadores, el ser humano se arrepiente más por lo que ha dejado de hacer que por lo que hizo. Mirar lo mismo con perspectivas diferentes ya es un cambio; reinventarse implica romper esquemas mentales. Alvin Toffler nos dice: “Los analfabetos del siglo XXI no serán los que no sepan leer y escribir, sino los que no sepan aprender, desaprender y reaprender”. Si no renunciamos a viejos esquemas, podemos pasar de ser marcas a simples mercancías, de relevantes a intrascendentes, de seguidos a seguidores. ¡Trascender!

El escritor Mario Alonso Puig, plantea que ante las grandes posibilidades para reinventarse: “esto es absurdo”, dice la arrogancia, “esto no puede ser”, argumenta la experiencia, “esto no es lógico”, sentencia la razón, y “¡atrévete!”, replica el corazón. El premio para quienes se atrevan a innovarse es que se definen por lo que superan, y al hacerlo reinventan su sentido de ser.

Fuente: blog de German Retana

Anabella Laya

@henkaconsulting

Gerente de Mercadeo, Consultora en Gestión de Cambio, Comunicadora Social

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